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El Partenoncito de Chihuahua y lo negro del Negro Durazo

En el caso de quien se convirtió en símbolo de la corrupción setentera del PRI aplicó aquel refrán impregnado de sabiduría popular: E l amor y el dinero son dos cosas que no se pueden ocultar… En el de Peniche bien podría también aplicarse perfectamente, aunque el gobernador Javier Corral no lo vea y no sepa su orígen.

Juan de Dios Olivas/Apuntes Políticos

Mucho antes de que al fiscal César Augusto Peniche fuera exhibido por amasar una veintena de propiedades y construir una mansión de valor millonario en Chihuahua, en los años 1980s otro jefe policiaco llamó la atención mediática; pero a nivel nacional por la enorme ostentación que pronto se convertiría en símbolo de la corrupción del PRI setentero.

Se trata de Arturo “el Negro” Durazo Moreno, cuya imagen volvió a la memoria colectiva, no precisamente por las propiedades de Peniche -que no llamaron la atención mediática nacional pero exhiben una realidad-, sino porque la Suprema Corte de Justicia de la Nación, falló esta semana en contra de un reclamo de su hijo para que el Gobierno del Estado de Guerrero le regresara el famoso Partenón del Negro construido en Zihuatanejo.

Nacido en Cumpas, Sonora, en 1924, de cuna humilde, emigró a la Ciudad de México donde conoció y se hizo amigo y compadre de José López Portillo, que una vez Presidente de México, y sin haber ido a la escuela militar, le otorgó por decreto presidencial el grado de general de División.

Precisamente, fue durante el sexenio Lópezportillista que se encumbró como símbolo de la corrupción policiaca y política, dejando escuela y un virus que a la fecha permanece en toda fuerza policiaca sin que exista una cura. Se dijo en su debacle que amasó una fortuna mal habida de mil millones de dólares.

En su esplendor, fue tratado mediáticamente como la estrella del momento por sus operativos exitosos que incluyeron el rescate de la hermana del presidente que había sido secuestrada y el combate a la guerrilla. Fue tal su popularidad que incluso recibió el Micrófono de Oro otorgado por la Asociación Nacional de Locutores y fue nombrado miembro de la Legión de Honor y Doctor Honoris Causa por el Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal sin ser abogado.

El Negro, llamado así por las características de su rostro, en 1948 dejó de ser empleado del Banco de México para iniciar su carrera policiaca. Primero se convirtió en inspector de tránsito, hasta que dos años después entró a la Dirección Federal de Seguridad donde incluso se dice que antes de que triunfara la Revolución Cubana, llegó a darle unas “calentadas” al Che Guevara y a Fidel Castro cuando fueron detenidos en uno de los primeros intentos de los revolucionarios cubanos por organizar en México la invasión a la isla de Cuba.

En 1976, cuando  su compadre  José López Portillo,  llegó a la Presidencia fue nombrado  titular de la desaparecida Dirección General de Policía y Tránsito del Distrito Federal, hoy Secretaría de Seguridad Pública.

Ahí Durazo instituyó las cuotas quincenales de mordidas como obligatorias y los excesos comenzaron a marcar no sólo su gestión, sino al gobierno de la República.

Del presupuesto de la Policía se hizo construir dos fastuosas mansiones en las afueras de Ciudad de México y en el estado de Guerrero. Una de ellas, con sus caballerizas y su hipódromo privado, su polígono de tiro, su discoteca calcada punto por punto del Studio 54 de Nueva York, que costó un cuarto de millón de dólares.

La otra, llamada «El Partenón de Zihuatanejo»  y después  el “Partenón del Negro” por estar edificada en un estilo inspirado en el de la Grecia clásica. El Negro no pagó, literalmente, ni un solo centavo: los albañiles de la obra fueron los propios agentes de la Policía del Distrito Federal.

Los periódicos de la época consignan que en 1976 creó la División de Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia que  permaneció vigente has 1982, desde donde se  planearon secuestros, robos a comercio, detenciones ilegales y hasta robos de bancos.

Durazo investigó el homicidio tanto del priísta de Gilberto Flores Muñoz, como de su esposa, Asunción Izquierdo, quienes supuestamente fueron asesinados a machetazos por su nieto Gilberto Flores, un caso ampliamente mediático cuyo resultado careció de credibilidad pública por el evidente uso de la tortura.

El caso más famoso por el que se le conoce es la matanza del río Tula que se registró en 1981 con un saldo de 12 integrantes de una banda de asaltabancos ejecutados que fueron atribuidos a la Policía por órdenes de Durazo.

Al terminar el sexenio de López Portillo y al asumir en 1982 Miguel de la Madrid Hurtado como presidente de México, “El Negro” fue uno de los elegidos por el nuevo régimen para ser detenido como escarmiento a la corrupción y distanciarse del anterior aplicando de pasada el lema de campaña Renovación Moral.

“El Negro” huyó del país hasta que dos años después fue detenido en Puerto Rico y extraditado de regreso al país para enfrentar cargos por contrabando, acopio de armas y abuso de autoridad.

Pasó ocho años en la cárcel, para después ser liberado por buena conducta y por su delicado estado de salud. Finalmente Durazo murió  en el 2000 y esta semana la Suprema Corte de Justicia de la Nación fue la que lo trajo nuevamente a los reflectores al desechar una demanda de amparo promovida por su hijo quien pretendía recuperar la residencia que edificó su padre en Zihuatanejo, Guerrero, conocida como El Partenón.

En el caso de quien se convirtió en símbolo de la corrupción setentera del PRI se aplica aquel refrán impregnado de sabiduría popular: El amor y el dinero son dos cosas que no se pueden ocultar… En el de César Augusto Peniche bien podría también aplicarse perfectamente, aunque el gobernador Javier Corral no lo vea ni sepa su orígen.

Y es que en 2016 cuando el fiscal compró al Municipio una de las tantas propiedades que no tenía, el estacionamiento en la avenida Juárez que era administrado por la Operadora Municipal de Estacionamientos (OMEJ), en 2 millones 987 mil pesos declaró que ese estacionamiento lo adquirió con el fondo de seguro de separación que recibió al retirarse de la PGR y que así lo informó en su declaración patrimonial.

Tres años, después aunque nada parecido al Partenón de “El Negro”, Peniche construye una mansión que tiene un valor de 20 millones de pesos, según acusa el líder del PRI en Chihuahua, Fermín Ordóñez, que bien puede llamarse «Partenoncito». Atesora 14 propiedades con un valor de 40 millones de pesos, de acuerdo con la publicación de El Diario de Juárez de fecha  23 de agosto.

Sin duda, una inversión en bienes raíces que no se explica con el salario que gana como fiscal -a menos que sea mayor al de López Obrador y Corral juntos- ni con los ingresos del estacionamiento de la avenida Juárez.

Lo dicho, el amor y el dinero, son dos cosas que no se puede ocultar; tampoco la corrupción…

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