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Por Cruz Pérez Cuéllar

Ora sí que se descompuso el estado, ora sí que no hay manera de decir lo contrario. O de plano el gobernador Javier Corral Jurado se pone a trabajar en el tema de la seguridad pública o mejor que reconozca que no sabe como resolver el asunto (y es muy comprensible pues nunca en su vida había trabajado en la administración pública como tal, su experiencia se asienta en la tribuna legislativa). La primera vez que escuchó o vio publicada una expresión parecida a la del comienzo de esta colaboración y cuya autoría se le atribuye al secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong, el mandatario formuló en su defensa otra frase que dice que no sólo se ha descompuesto el estado sino que a la federación se le había descompuesto todo el país.

Pero hablando ya en serio, con números, con cifras oficiales (incluyendo las de la propia Fiscalía General del Estado), los hechos hablan por sí solos y la realidad palpable en el estado de Chihuahua revela el estatus de la descomposición a la que hemos llegado en los primeros ocho meses de esta administración estatal.

Otra vez hemos vuelto a esa etapa de violencia extrema, que a diario nos informa de ejecuciones múltiples en centros de diversión o bares, o incluso en lugares familiares y muy públicos, de encobijados, de personas asesinadas a sangre fría, de desmembrados o decapitados, de narcomantas, de secuestros, extorsiones y robos con y sin violencia, sobretodo con gran virulencia auspiciada por los crecidos niveles de impunidad, alentada por la incapacidad de la autoridad de hacerle frente a los criminales.

De acuerdo a cifras oficiales y que se tienen registradas solamente hasta el mes de mayo por el Sistema Nacional de Seguridad Pública se sabe que la estadística de delitos en Chihuahua ya supera más del doble del año pasado y que aspira a cerrar el año con el triple de homicidios, es decir con casi el 300 por ciento más que en el mismo periodo el año anterior.

Únicamente en los primeros cinco meses de este año se tienen registrados 6,838 robos, y 1,886 lesiones de distintos tipos y con diversas armas, agresiones que no han terminado con la vida de la persona; además a esto se suma el bochornoso dato de homicidios que al quinto mes de este 2017 sumaba 767 tantos; mayo precisamente había sido el más violento con 180 casos.

Las ciudades más pobladas como Juárez y Chihuahua son las que aportan más muertos y colocan al estado de Chihuahua entre los estados más violentos del país e incluso del mundo, comparado con países que tienen años envueltos en guerras, pero cuya cantidad de muertos es muy equiparable a Chihuahua donde no se nota un estado que haga frente a la matanza, mas bien se muestra complaciente al no hacer nada y dedicarse solamente a insuflar en el discurso su pobre acción social, obra pública, educación, salud y otros rubros.

Hace unos meses la revista Proceso en su versión digital publicaba la complejidad del asunto en Chihuahua que para colmo se colocaba casi en la cima como uno de los estado con mayor número de mujeres asesinadas. Destacó que en la zona norte habían cometido en los primeros cinco meses del año 30 homicidios de mujeres: 4 en enero, 9 en febrero, 13 al siguiente mes, 3 en abril y 1 en mayo (la publicación  se hizo el 24 de ese mes), esto de acuerdo con cifras de la propia Fiscalía General del Estado.

Estos se sumaron a los 19 crímenes que terminaron con la vida de mujeres, registrados en la zona centro: 6 en enero, 3 en febrero, 2 en marzo, 4 en abril e igual número en mayo; mientras que en la zona sur se habían reportado a esa fecha 9 asesinatos y 6 en la zona occidente.

En total, 64 asesinato de mujeres, algunas fueron secuestradas y torturadas, otras violentadas sexualmente, otras simplemente ejecutadas al estilo crimen organizado.

La reciente balacera en Las Varas, en el municipio de Madera, que dejó decenas de muertos; los memorables enfrentamientos de Rubio y Cuauhtémoc que igualmente dejaron múltiples cadáveres abatidos por las balas; los secuestros y asesinatos de mujeres, dos de ellas relacionadas a personajes de la vida política y empresarial de nuestro estado; los asesinatos de dos periodistas en la Capital, y de líderes defensores de derechos humanos en la Sierra Tarahumara; y cientos o miles de casos más que no se reportan y no figuran en las cifras oficiales de asesinato, secuestros, extorsiones, agresiones de diversa índole, violaciones, más los datos anteriormente citados hablan rotundamente de que nos encontramos ante un estado fallido, ante una autoridad incapaz de resolver la grave crisis de inseguridad que nos queja, y refieren la descomposición de un estado cuya máxima autoridad está empecinada en culpar al pasado, a la federación, a los representantes de los medios, a los empresarios, a todos, de lo que ocurre en su entidad sin admitir NADA, sin asumir una MÍNIMA parte de la responsabilidad. Pero no es posible.

El cuadro lo completa una actitud del gobernador Javier Corral que muchos han catalogado como indolente e insensible porque mientras han ocurrido muchos de estos hechos al mandatario se le ve jugando golf en Mazatlán o tenis en la Ciudad Deportiva de la capital, y no tiene ninguna pena en ocultarlo, eventos como estos muestran su frivolidad al exhibirlos en redes sociales.

En fin, el mandatario estatal y su gabinete de seguridad deben reconfigurar sus estrategias contra los grandes males que afectan a la sociedad chihuahuense y que ya no admite más discursos y decretos huecos que sólo sirven para distraer a la gente, necesitan acciones contundentes y que el gobernador les imprima una pasión igual o mayor a la que pone cuando juega golf o tenis.

Sugerencias y comentarios favor de hacérmelos llegar a mi correo:  Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla Cruz_perez_c


 

 

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